La Ley de la Corona
Vuestros estandartes cuelgan pesados en el aire muerto, empapados por el humo de la carne quemada. Las torres de vuestros padres yacen en el polvo. Y aun así levantáis otras nuevas con ceniza, codicia y una esperanza que ya no encuentra dónde echar raíces. Reunís coronas de oro manchado de sangre, mientras las cabezas destinadas a llevarlas se pudren en estacas y la lluvia de podredumbre cae sobre la tierra, empapándola como una última unción. La carne se arranca de los huesos, los tendones se desgarran y el tuétano reblandecido cede, una última resistencia que se disuelve entre vuestros dedos.
– Syxara

